Hoy es un día muy triste porque ya no te vamos a volver a ver, ni a escuchar todos esos chascarrillos llenos de picardía, ni esas historias que seguro te quedaban por contar de tu pueblo (y las que no son de tu pueblo).
Agradezco muchísimo poder haber venido aunque sea a velarte y a estar con los nuestros.
Agradezco las nuevas tecnologías que me han dejado verte por videollamada en tus últimos días.
Pero lo que más te agradecemos es lo madraza, abuelaca y mujer que has sido; que tus hijos, nuestros padres, fueron siempre tu prioridad y que todos tus nietos hemos llegado lejos gracias, en una gran parte a ti.
No te olvidaremos nunca, porque tú no te has ido... la gente se va sólo cuando se le olvida, y tú eres imposible de olvidar.
Bendito el día en que decidí escribir este blog, qué buena risa acabo de pasar acordándome de ti, mi abuela.
Me despido con un chascarrillo muy cortito pero que todavía recuerdo como si fuese ayer y que me hizo muchísima gracia como de costumbre. Recuerdo cómo lo cantabas en bajito pero con voz aguda, mientras hacías las mil y una tareas de casa y esos platos que tenian tanto sabor, pero incluso más cariño en la receta, y que nosotros pensábamos que seguirías haciendo hasta el infinito: "Hasta luego cocodrilo, no pasaste de caimán"